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UCR desarrolló 75 iniciativas innovadoras para combatir los efectos de la pandemia


La Unidad de Gestión y Transferencia del Conocimiento para la Innovación (Proinnova) contabiliza 47 proyectos de investigación, 16 de acción social, 4 de docencia y 8 proyectos adicionales con el objetivo de apoyar la recuperación de Costa Rica.

Las universidades públicas han tenido, en el mundo, un rol trascendental para abordar la pandemia generada por el SARS-CoV-2 causante de la enfermedad denominada popularmente como COVID-19.

La Universidad de Costa Rica no ha sido la excepción y desde que se recibieron los primeros reportes del virus y la enfermedad sus académicos se involucraron asesorando a las autoridades competentes, se organizaron en su seno múltiples actividades académicas y sus expertos brindaron declaraciones a la prensa para informar a la población del tema y las implicaciones posibles.

También, gracias a la formación y la experiencia de los docentes-investigadores y a la inversión realizada que permite a las unidades académicas tener una capacidad instalada, se empezaron a plantear rápidamente iniciativas para solventar los retos que se fueron presentando, por ejemplo, la falta de insumos y equipos requeridos para diagnosticar y atender a los pacientes; y por otro lado poder solventar las consecuencias directas e indirectas de esta enfermedad.

A la fecha estas acciones continúan y es importante mencionar, además, que varios centros e institutos de investigación mantuvieron funcionando las actividades esenciales para el sector productivo y la sociedad.

Esa respuesta universitaria ha puesto en evidencia la creatividad y la capacidad de adaptación de la comunidad UCR. Al 04 de diciembre y a través de un esfuerzo constante de seguimiento que hemos llevado a cabo en Proinnova-UCR se tenían mapeadas 75 iniciativas y proyectos desarrollados para combatir el virus y sus consecuencias.

Esto ha implicado la participación de 162 docentes-investigadores provenientes de 60 facultades, escuelas, centros e institutos. Un aspecto muy importante de mencionar es que estas iniciativas han contado con múltiples colaboradores externos.

Alrededor de 52 actores nacionales e internacionales entre empresas, emprendedores, entidades de gobierno, ONG y universidades han estado involucrados.

Esta cifra permite señalar la importancia de las conexiones y la internacionalización de la Universidad, donde la creación de redes de colaboración de primer nivel permite colaborar para enfrentar mejor los grandes retos.

De esas 75 iniciativas y proyectos, 47 son de investigación, 16 de acción social y 4 de docencia. Adicionalmente se contabilizan 8 proyectos que ayudan a mitigar los impactos del COVID-19 y apuntan a apoyar la recuperación de Costa Rica. Todo un ecosistema aportándole al país soluciones pertinentes e innovadoras.

Investigación y proyectos interdisciplinarios

La investigación que aportó la Universidad se ha trabajado en diferentes áreas de impacto relacionadas con tratamientos médicos y pruebas diagnósticas, protectores faciales, respiradores y ventiladores, análisis de laboratorio, sistemas informáticos y análisis de data, fármacos y salud mental.

Desde toda esta experiencia es importante señalar la relevancia de la multi y transdisciplinariedad para un correcto abordaje, dados los escenarios complejos que ha provocado la crisis sanitaria y social.

Un ejemplo es la iniciativa que busca el diseño e implementación de una plataforma de información para la toma de decisiones en el marco de la pandemia por COVID -19 para el Ministerio de Salud, donde convergen diversas disciplinas que integran los datos estadísticos con el modelamiento matemático, las ciencias del comportamiento, los determinantes sociales de la salud y la administración pública.

Esto permite tener una aproximación más acertada a la información para la toma de decisiones de política pública a nivel distrital, cantonal y nacional. En este proyecto participan el Observatorio del Desarrollo (quien lidera), el Instituto de Investigaciones Psicológicas, la Escuela de Administración Pública, la Escuela de Estadística, el Centro Centroamericano de Población, la Escuela de Geografía, la Escuela de Ingeniería Industrial, la Sede de Occidente —todos de la Universidad de Costa Rica—; además del IMAS, Mideplan, INEC, Micitt, Ministerio de Salud y la Caja Costarricense del Seguro Social.

Durante estos meses las redes internas de trabajo colaborativo de la Universidad se fortalecieron y crecieron, y otras nuevas se gestaron. En esos procesos la generación de confianza es fundamental no solo a lo interno, sino también con los agentes externos. Otro aspecto que vale la pena mencionar es que desde la Vicerrectoría de Investigación se diseñó una hoja de ruta para apoyar y acompañar de forma ágil a los proyectos que atendieran la pandemia, sin dejar de lado la excelencia y la rigurosidad con que deben abordarse estos procesos.

En cuanto al tema de recursos económicos, inicialmente los proyectos arrancaron con fondos propios de las unidades académicas y se fueron uniendo apoyos de las vicerrectorías y fondos externos, tales como donaciones.

Posteriormente, y como parte de la estrategia de la UCR para la atención de los efectos de la pandemia en el país, se diseñó y ejecutó, en tres meses, un proceso que incluye la participación de la Fundación UCR para dotar de financiamiento a proyectos de investigación, acción social y docencia.

Esta semana la Vicerrectoría de Investigación anunciará los proyectos ganadores del “Fondo Especial COVID-19” destinado a iniciativas relacionadas directamente, como detección, control, e impacto. A su vez, la Vicerrectoría de Acción Social anunciará los proyectos seleccionados en el “Fondo de Incentivos para el Desarrollo de Proyectos de Acción Social en el contexto del COVID-19”; por último, la Vicerrectoría de Docencia dará a conocer los proyectos escogidos en su área.

Los problemas y necesidades de la sociedad son cada vez más complejos y probablemente la capacidad innovadora sea la única apuesta viable para solucionar los desafíos más importantes.

En ese contexto es importante recordar que la investigación nos permite mover la frontera del conocimiento y, por lo tanto, alimentar la innovación disruptiva, aquella que cambia cómo hacemos las cosas. Ese conocimiento generado se trasladará luego a las actividades de acción social y de docencia. Así es el círculo virtuoso. La investigación es esperanza y requiere de personas creativas; además necesita flexibilidad, colaboración, co-creación y recursos.

Han pasado varios meses desde que todo inició, la eventual aprobación de las vacunas plantea la posibilidad de que el contexto de pandemia empiece a cambiar poco a poco. Los aprendizajes adquiridos y lo logrado en este tiempo deberían llevarnos a intensificar la colaboración entre los diferentes actores del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, romper el mito de la dependencia tecnológica y avanzar hacia una sociedad basada en el conocimiento.

En el escenario actual de crisis sanitaria, económica y social parece difícil mantener o mejorar la inversión nacional en educación y en actividades de investigación y desarrollo, pero es importante recordar que los países desarrollados lograron las transformaciones sociales necesarias invirtiendo decididamente en eso.


Sobre la autora:

Marianela Cortés es, desde marzo del 2013, la directora de la Unidad de Gestión y Transferencia del Conocimiento para la Innovación (PROINNOVA).

Es profesora asociada de la Escuela de Tecnología de Alimentos y trabaja, desde el 2002, como investigadora en el Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA) donde ha llevado a cabo numerosos proyectos relacionados con la industria y el sector socio-productivo.

Su investigación se ha centrado especialmente en el sector lácteo, en temas relacionados con innovación, desarrollo de productos y nuevas tecnologías.

Trabajó como investigadora invitada en el Instituto Europeo de Membranas (IEM) en Francia y como consultora para la industria y para organismos internacionales.

Ha estado involucrada en varios proyectos de emprendimiento y forma parte del Consejo Director de la Agencia Universitaria de Gestión del Emprendimiento de la Universidad de Costa Rica.

Tiene una licenciatura en Tecnología de Alimentos de la Universidad de Costa Rica, un doctorado en Bioquímica, Química y Tecnología de Alimentos de la Universidad Montpellier 2 en Francia y un posdoctorado en la misma universidad. Se formó en propiedad intelectual en la Universidad de California, Davis.

Marianela Cortés Muñoz, Ph.D.



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